El Librero de Gutenberg

A estas alturas de la vida, ¡la paz es apreciada!

Para el reencuentro proponen tres restaurantes, música después y desayuno al día siguiente.

Hace años habrías asistido a todo por miedo a perderte la historia que luego contarían. Ahora quieres cenar, conversar y volver a casa antes del ruido. Alguien bromea con que te volviste viejo.

Apreciar la paz no significa dejar de buscar alegría ni encerrarse. Con los años algunas personas conocen mejor el costo de ciertas horas, multitudes y compromisos. Elegir menos puede permitir estar más presente en lo elegido.

También conviene vigilar cuando la tranquilidad es miedo disfrazado y reduce el mundo cada mes. La paz expande la vida habitable. El aislamiento la encoge. La diferencia se siente en si la elección deja descanso o arrepentimiento constante.

Confirmas solo la cena. Hablas con cuatro personas sin mirar la hora y te despides cuando empieza la música. En casa preparas té. No te perdiste la noche. Elegiste dónde terminaba.

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