Hay más personas, más oportunidades y más caminos
El único proveedor de una mercería anuncia que dejará de fabricar el hilo que representa la mitad de sus ventas.
Se acabó el hilo. Literalmente.
Varias clientas lo piden por nombre. Durante quince años, la dueña nunca tuvo que pensar en otra marca.
Ahora llega un correo de despedida y la dueña piensa:
"Tendré que cerrar."
Mmm... tal vez. No voy a prometer que detrás de cada puerta cerrada hay otra idéntica, recién pintada y con café.
Cambiar puede costar dinero, confianza y meses de pruebas. Algunas alternativas serán pésimas. Dos clientas quizá se vayan.
Peeero... antes de cerrar, conviene averiguar qué necesitan de verdad sus clientas.
Pedían esa marca, sí. También necesitaban cierto grosor, ciertos colores y una resistencia que no encontraban en cualquier hilo.
La dueña pide muestras y reúne al grupo de costura. Prueban tres marcas. Dos no sirven. Una funciona bastante bien.
Dos clientas se van. Otras ayudan a elegir colores nuevos. El estante principal cambia y durante un tiempo todos preguntan qué pasó.
No encontró un reemplazo idéntico. Encontró uno suficientemente bueno para que la mayoría siguiera comprando.
No siempre habrá otra opción. A veces un proveedor cierra y el negocio ya no da. Pero antes de asumirlo, hay que separar la marca que desapareció de la necesidad que todavía existe.