El Librero de Gutenberg

Uno aprende que cuando algo 'huele a problema', es mejor no seguir adelante

El contratista puede arreglar la gotera mañana.

Solo necesita la mitad en efectivo. No hace contrato. Tampoco da referencias porque, según él, sus clientes "valoran mucho la privacidad".

El precio es buenísimo y el techo sigue goteando sobre una cubeta azul que ya te tiene harto.

Todo podría tener una explicación.

El detalle es que cada respuesta añade prisa y quita una forma de reclamar después.

Tu intuición no es una prueba mágica. A veces también se equivoca. Pero sí puede pedir una pausa.

Entonces solicitas presupuesto escrito, identificación y dos referencias.

No lo acusas de nada. Solo dices que no vas a avanzar sin eso.

Deja de contestar.

Contratas a otra persona que empieza cuatro días después. Mientras tanto pones una segunda cubeta.

La gotera te obliga a moverte.

No te obliga a entregarle efectivo a una historia sin dirección.

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