No nos vayamos sin perseguir nuestras metas, sin hacer lo posible por ser felices
Tu manuscrito lleva cuatro años en una carpeta llamada "cuando tenga tiempo".
Es un nombre excelente para no volver a abrirlo.
Porque ese tiempo no existe. No llega un martes a tocar la puerta con ocho horas libres, café recién hecho y cero problemas familiares.
Llegan sábados normales. Con ropa por lavar, mensajes pendientes y ganas de ver una serie.
Entonces haces algo bastante menos épico: apartas el primer sábado de cada mes y lees diez páginas.
¿Vas a terminar un libro así? Mmm... quizá. Quizá descubras que ya no quieres terminarlo.
Las dos respuestas sirven.
Lo importante es que la meta deje de vivir en ese futuro perfecto donde nada compite con ella. Ponla veinte minutos en la vida real y mira si todavía respira.
El próximo sábado abres la carpeta.
No terminaste el libro. Pero por fin dejaste de llamarle sueño a un archivo cerrado.