Libertad no solo es hacer lo que quieras cuando quieras, también incluye la responsabilidad sobre nuestros actos
Tomaste el coche de tu primo sin preguntar.
Ahora una raya blanca cruza la puerta del copiloto.
La calle era estrecha, ibas tarde y ese poste apareció en el espejo cuando ya se había presentado formalmente con la pintura.
Podrías estacionar el coche como estaba y esperar que tu primo tarde en notarlo.
También podrías preparar una defensa bastante decente: necesitabas llegar, él casi no usa el coche entre semana y, bueno, el poste estaba ridículamente cerca.
Todo eso explica el viaje.
La raya sigue ahí.
Ser libre para decidir se siente MUY bien antes de que llegue la cuenta. Después queremos conservar la libertad y enviarle la consecuencia a otra persona.
Así que llamas.
Le dices que tomaste el coche, que lo rayaste y que vas a pagar la reparación. Tu primo se enoja. Tú también estás molesto contigo y con el precio que seguramente tendrá esa línea tan delgadita.
No puedes elegir su reacción.
Sí puedes evitar que se entere solo, mirando la puerta en el estacionamiento.