El Librero de Gutenberg

Haz una lista de todo lo que tienes para que te des cuenta de todos tus recursos

Quieres vender comida y, en cuanto aparece la palabra "restaurante", todo lo que tienes se vuelve ridículamente pequeño.

No hay local, letrero ni dinero para diez mesas.

Mientras miras esa versión final, dejas de contar una cocina autorizada que puedes alquilar por horas, doce recetas probadas y veinte personas que ya encargan tus guisos en diciembre.

No desaparecieron. Solo parecen poca cosa junto al restaurante terminado que tienes en la cabeza.

Claro que una lista no inventa dinero. Algunas cosas faltan, otras cuestan demasiado y unas cuantas pueden detener el plan completo.

Pero "no puedo abrir un restaurante" y "no puedo probar si alguien compraría durante cuatro sábados" son dos problemas diferentes, ¿o no?

También hay límites. La amistad no es trabajo gratuito. La cocina de tu madre no se convierte en negocio porque tú tengas una idea. Un recurso prestado sigue necesitando permiso (sí, aunque tu idea sea BUENÍSIMA).

Así que descartas el local, al menos por ahora, y pruebas cuatro sábados desde una cocina compartida.

Tal vez vendas todo. Tal vez descubras que nadie quiere pagar el precio que necesitas. Ambas respuestas cuestan mucho menos que firmar una renta para enterarte.

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