El cerebro es el órgano más destacado. Funciona las 24 horas, los 365 días del año, desde tu nacimiento hasta que te enamoras.
Tú y Alicia llevan cuatro meses juntos cuando encuentran una casa en Cuernavaca.
El vendedor abre las ventanas. Entra aire fresco. En menos de diez minutos ustedes ya pusieron un escritorio, una mesa y seis desayunos de domingo en cuartos que todavía no son suyos.
El depósito tiene que ser hoy, claro.
Porque al parecer las decisiones románticas y las promociones de colchones comparten el mismo reloj.
Enamorarse no apaga la inteligencia. Lo que sí hace es volver incómoda cualquier duda: "¿Y si piensa que no creo en nosotros?".
Duermen una noche. Revisan papeles y descubren que el derecho de agua no está aclarado.
No depositan.
El domingo vuelven a Cuernavaca y desayunan en un mercado. La casa regresa al anuncio.
El proyecto juntos sigue sentado frente a dos tazas.
Menos cinematográfico, quizá.
Bastante más capaz de leer un contrato.