No tomes decisiones permanentes por emociones pasajeras
Sales de una reunión humillante y escribes tu renuncia antes de cerrar la computadora.
El mensaje dice cosas ciertas.
Te interrumpieron. Le dieron tu trabajo a otra persona. Nadie corrigió la historia.
También incluye una línea sobre "la mediocridad moral de esta empresa" que, bueno... quizá mañana no te parezca tan indispensable.
La emoción no es falsa. Puede estar señalando un límite que ya llegó.
Lo que cambia al esperar una noche no siempre es la decisión. Cambia la mano que la ejecuta.
Guardas el correo como borrador y anotas fechas, nombres y hechos.
A la mañana siguiente sigues queriendo irte.
Quitas dos acusaciones, añades una fecha de salida que protege tu sueldo y guardas copia de los documentos que necesitas.
La decisión permanece.
La sacudida ya no está escribiendo por ti.