El Librero de Gutenberg

Son libros reciclados. Libros abandonados, echándose a perder.

En la feria cultural hay mesas llenas de libros.

Nadie discute frente a ellas.

La pelea está alrededor de una lámpara hecha con páginas.

La artista explica que recogió veinte manuales de contabilidad dañados por humedad. La biblioteca tenía otras copias en buen estado. Aun así, alguien la acusa de destruir conocimiento.

Otro quiere comprar la lámpara sin preguntar si poner páginas mojadas cerca de un foco es una manera muy creativa de conocer a los bomberos.

Mira, querer a los libros complica las cosas.

Está el texto, que puede sobrevivir en otra copia. Está la edición, que quizá sea rara. Y está ESE objeto: sus notas, su dedicatoria, la mancha que dejó alguien en 1974.

No todo ejemplar debe cortarse. Un libro raro, anotado o reparable merece otro cuidado.

Pero un manual común, mojado y con otras copias disponibles no contiene el último ejemplar de ese texto.

La biblioteca pone una nota junto a la lámpara explicando el descarte y la revisión eléctrica.

A unos metros exhibe un recetario manchado que no cortaron porque contiene anotaciones de tres generaciones.

El recetario se conserva como libro.

Los manuales dañados terminan en la lámpara.

No trataron a todos los objetos igual porque no tenían el mismo valor ni el mismo estado.

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