El Librero de Gutenberg

Ser sincero no es decir tooooodo lo que viene a nuestra mente

Tu amiga sale del probador contenta y lo primero que notas es que el vestido no te gusta.

Podrías decirlo sin filtro y llamarlo sinceridad. Ella no pidió una evaluación. Solo giró frente al espejo y dijo que por fin encontró algo cómodo para la boda. Tu opinión existe, pero todavía no tiene una tarea.

Ser honesto importa cuando callar engaña, permite un daño o rompe un acuerdo. No cada pensamiento cumple esas condiciones. Muchas impresiones son gustos pasajeros que nos pertenecen más a nosotros que a la persona sobre quien caen.

También hay momentos para decir una verdad incómoda. Conviene preguntar qué busca el otro y hablar de algo que pueda usar. '¿Quieres saber si combina o si te queda cómodo?' es distinto a presentar el disgusto como un deber moral.

Le dices que se ve feliz y preguntas cómo se siente. El vestido se queda. No mentiste. Elegiste la parte verdadera que servía a la conversación, en vez de usar a tu amiga como recipiente de cada idea que apareció.

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