El Librero de Gutenberg

Bajemos nuestro ego y tendamos puentes para comunicarnos con los demás

La rama cayó sobre la cerca común y ambos vecinos esperan que el otro llame primero.

Desde tu ventana ves la madera inclinada. La rama salió de su árbol, pero la cerca está de tu lado. Él pasa por la banqueta sin mirar. Tú haces lo mismo. Cada día sin hablar convierte un arreglo sencillo en una cuestión de dignidad.

El ego quiere una señal antes de acercarse. Teme que iniciar la conversación parezca aceptar toda la culpa o necesitar más la relación. Así dos personas pueden coincidir en que existe un problema y usar esa coincidencia para sostener el silencio.

Tender un puente no significa cruzarlo solo ni pagar lo que corresponde al otro. Consiste en abrir una vía donde todavía puedan discutirse responsabilidades. La primera frase puede ser neutral: 'Necesitamos ver qué hacemos con la cerca'.

Tocas la puerta. Él sale con una cinta de medir y admite que tampoco sabía cómo empezar. Acuerdan repartir el trabajo. La rama seguía siendo suya. La primera llamada no tuvo que ser una confesión para resultar útil.

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