Nuestro éxito no debe ser la consecuencia de apagar a los demás
Terminas la presentación y el cliente sonríe.
Tu jefe te felicita por el enfoque. Tú ves la diapositiva final y recuerdas, con una precisión bastante inoportuna, que la idea nació en la libreta de una compañera que hoy no vino.
Podrías sonreír y dejarlo pasar.
Después de todo, tú desarrollaste la propuesta. Tú presentaste. Tú respondiste las preguntas difíciles.
Peeero... ella encontró el hilo del que jalaste todo lo demás.
Entonces dices: "Gracias. El enfoque inicial fue de Laura y yo lo desarrollé para la presentación".
Ya.
No te borraste. No repartiste el trabajo como confeti. Solo contaste la historia completa.
El cliente sigue valorando lo que hiciste. Tu jefe ahora sabe qué hizo Laura. Y tú sales de la sala sin esa sensación de haber metido algo ajeno en el bolsillo.
Qué curioso: compartir la luz no dejó la habitación más oscura.