Me caen bien las personas que se alegran del progreso de otros y no le envidian nada a nadie.
El puesto de junto vendió todo antes del mediodía.
A ti todavía te quedan seis cajas.
Ves cómo guardan las charolas vacías, reciben felicitaciones y hasta se toman una foto. En ese momento tu cabeza abre una pequeña oficina de investigación.
"Claro, les tocó mejor lugar."
"Seguro bajaron demasiado el precio."
"A ver cuánto les dura."
Mmm... quizá alguna cosa sea cierta. También puede ser que te dolió ver en otra mesa lo que querías para la tuya.
La envidia rara vez entra diciendo "hola, soy envidia". Llega disfrazada de análisis y encuentra una falla en cada logro ajeno.
Entonces haces algo que al principio se siente un poco falso: felicitas a la vecina.
No finges que tus cajas dejaron de importarte. Le preguntas qué cambió esta semana.
Te cuenta que empezó a aceptar pedidos desde el miércoles. Ahí tienes un dato que puedes probar. Tal vez funcione. Tal vez no.
Su buena mañana no empeoró la tuya. Solo mostró una posibilidad que tu enojo casi no te deja preguntar.