Si la mayoría pensáramos en el bien de los demás, este mundo sería distinto
La bolsa de basura se rompió junto al contenedor y todos aprendieron a pasar por el otro lado.
Durante dos días crece el círculo de papeles. Cada vecino tiene una razón para no tocarlo: no fue su bolsa, ya paga mantenimiento o lleva prisa. La suciedad pertenece a todos en la medida exacta en que ninguno la considera propia.
Pensar en los demás no exige vivir corrigiendo la irresponsabilidad ajena. Si siempre recoge la misma persona, el sistema aprende a depender de ella. El bien común también necesita reglas, turnos y consecuencias.
Pero hay momentos donde la pregunta sencilla es qué cuesta resolver ahora. Guantes, otra bolsa y cinco minutos. Después se puede avisar al edificio y revisar por qué el contenedor se llena antes de tiempo.
Recoges los papeles con un vecino que regresó por una escoba. Nadie descubre quién rompió la bolsa. El pasillo cambia porque dos personas dejaron de usar la culpa como permiso para seguir caminando.