El Librero de Gutenberg

Ningún bien obtenido por acciones malintencionadas da felicidad verdadera ni duradera

Copias respuestas en un examen de certificación y consigues el puesto que dependía de esa nota.

Durante unos días sientes alivio. Funcionó.

Luego llega la primera tarea que supone que sabes lo que el papel dice que sabes.

Empiezas a evitar preguntas. Pides ayuda en secreto. En cada reunión temes que alguien junte dos piezas muy sencillas: tu certificado y tu trabajo.

No cayó un rayo sobre tu escritorio. Nadie apareció a impartir justicia con música dramática.

El problema es más práctico: obtuviste una posición sin la capacidad necesaria para sostenerla. Ahora tienes que proteger esa distancia todos los días.

Así que pides entrar al curso antes de aceptar tareas individuales. Dejas de presumir la nota y empiezas, esta vez sí, a estudiar.

Corregir cuesta.

Pero cada cosa que aprendes hace que el puesto dependa un poco menos de aquella hoja.

Y un poco más de ti.

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