El Librero de Gutenberg

Uno mejora el entorno para todos cuando compartimos algo de lo que tenemos

En tu edificio hay cinco taladros guardados.

Nadie encuentra uno cuando necesita colgar una repisa.

Cada familia compró el suyo para usarlo una tarde. Después fue a vivir al fondo de un clóset, junto a cables de aparatos que ya nadie reconoce.

Cuando un vecino necesita hacer dos agujeros, termina comprando el sexto.

Propones un estante común y enseguida aparecen las preguntas:

"¿Quién paga si se rompe?"

"¿Y si no lo regresan?"

"¿También vamos a prestar la sierra?"

Todas válidas. Compartir no funciona solo porque la idea sea bonita y alguien escriba "comunidad" en el grupo de WhatsApp.

Empiezan con poco: un taladro, una escalera y una bomba de aire. Anotan quién se lleva cada cosa, por cuánto tiempo y qué debe reemplazar si la daña.

Quien no quiere prestar algo no lo presta. Nadie entrega las llaves de su casa ni la licuadora de la abuela.

Un mes después hay ocho préstamos y una broca nueva donde antes se perdió una.

El edificio no se convirtió en una familia perfecta. Definitvamente no.

Solo dejó de comprar el sexto taladro.

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