No esperes ser bueno a la primera, a veces hay que aprender primero
El pan está bajo, torcido y un poco más duro de lo que aconsejaría cualquier dentista.
No merece una foto.
Perfecto.
En tu primera clase, la masa se pega a todo menos a la forma que muestra la maestra. Las otras mesas avanzan con una calma ofensiva mientras tú agregas harina hasta convertir la mezcla en material de construcción.
Y pueeees... aparece el diagnóstico:
"No tengo mano para esto."
Una hora de principiante acaba de decidir todo tu futuro con el pan. Muy eficiente.
Abandonar rápido evita una parte bastante incómoda: que alguien nos vea aprendiendo. No hay que pedir ayuda, soportar la torpeza ni llevar a casa un pan que podría usarse para defender una puerta.
Ahora, si hacer pan te aburre, déjalo. La vida seguirá y las panaderías lo agradecerán.
Yo solo no dejaría que la primera masa decidiera si "eres buena" o "eres mala" para esto.
La maestra te muestra cómo humedecer las manos. El segundo pan vuelve a salir torcido, pero está bien cocido y huele bastante bien.
No te convertiste en panadera. Hiciste un segundo pan y salió mejor que el primero.
Por hoy, alcanza. Después vemos si también sirve para comer.