Nada permanece estático, aprendamos a abrazar los cambios
El mercado donde vendiste flores durante treinta años anuncia que cerrará en diciembre.
Conoces cada pasillo y cada cliente de los sábados. La noticia no solo amenaza ingresos. Borra una rutina, una comunidad y el lugar desde donde tu familia aprendió a contar las temporadas.
Abrazar un cambio no significa celebrarlo. Puede empezar por reconocer que la forma anterior termina y que negarlo consume el tiempo disponible para preparar otra. La tristeza y la acción caben en la misma semana.
No todo lo nuevo será mejor. Conviene revisar opciones, costos y capacidades antes de moverse. Aceptar la realidad evita diseñar planes sobre un mercado que ya decidió cerrar, pero no obliga a aceptar la primera alternativa.
Hablas con tres clientes y pruebas entregas por encargo. Guardas el viejo letrero para el último día. En enero no tienes puesto, pero conservas una ruta, doce pedidos y el nombre con el que te buscan.