El Librero de Gutenberg

Nada permanece estático, aprendamos a abrazar los cambios

El mercado donde vendiste flores durante treinta años cerrará en diciembre.

Conoces cada pasillo, el ruido de las cortinas al abrir y a las clientas que llegan los sábados buscando "las amarillas de siempre".

La noticia no amenaza solo el ingreso. También se lleva una rutina, a la gente de los puestos vecinos y el lugar donde aprendiste a contar el año por temporadas.

Entonces alguien dice que hay que "abrazar el cambio".

Mmm... primero quizá quieras abrazar a quien decidió cerrar el mercado, y no precisamente con cariño.

Aceptar el cierre no significa celebrarlo. Significa dejar de preparar enero como si el puesto fuera a seguir ahí.

Hablas con tres clientas. Pruebas entregas por encargo y anotas qué flores piden con más frecuencia. No sabes si alcanzará. Tampoco aceptas el primer local caro que te ofrecen por puro miedo.

En el último día guardas el letrero.

En enero ya no tienes puesto. Sí tienes una ruta de entregas, doce pedidos y el número de las personas que todavía te buscan por tu nombre.

Perdiste algo real.

También descubriste qué partes del trabajo podían continuar en otro lugar.

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