Así se resolvían las cosas antes de tener internet a la mano en cualquier momento.
La tormenta tira la señal la tarde anterior a la feria.
La única lista de voluntarios vive en el grupo de mensajes.
Nadie recuerda quién tiene las llaves, quién recoge las mesas ni cuál puesto necesita electricidad. Todos saben que "se dijo en el grupo", frase muy útil cuando el grupo no abre.
Entonces Doña Irene saca una libreta del año anterior.
Tiene teléfonos viejos y dos personas que ya no participan. Aun así, alcanza para reconstruir medio plan mientras regresa la conexión.
No, antes no todo era mejor. Hacer veinte llamadas tampoco era una experiencia espiritual maravillosa.
La lección es más simple: si una sola herramienta concentra toda la memoria, conviene guardar una salida.
Después de la feria imprimen una hoja con responsables, teléfonos, dirección y llaves. Una copia queda en el centro y otra con la coordinadora.
El grupo sigue vivo.
Ahora el día que no abra ya no se lleva la feria con él.