El camino del crecimiento no es una línea recta
Pasas dos meses sin practicar lengua de señas y olvidas la mitad de las palabras que ya usabas con tu nieta.
Habías completado veinte lecciones seguidas. Luego llegó una mudanza, varias citas y esas noches en las que abrir un cuaderno parece una actividad olímpica.
En la siguiente visita entiendes lo que ella pregunta.
Tus manos, en cambio, se quedan a media frase.
Ahí aparece la idea de que volviste a cero. Muy dramática ella... y bastante mala para las matemáticas.
Porque el segundo comienzo no se siente como el primero. Reconoces movimientos, recuerdas palabras al verlas y sabes en qué parte te atoras.
Dejas de intentar recuperar veinte lecciones en un domingo. Practicas cinco minutos antes de cada llamada y le pides a tu nieta que repita despacio.
Al mes todavía cometes errores.
Pero ya pueden bromear sin escribir.
La línea no fue recta. Pueees llegó a donde tenía que llegar: una conversación.