A veces no queremos alejarnos de lo conocido aunque nos quite más de lo que nos da, pero es necesario para crecer
Llevas nueve años en el mismo comité y cada reunión termina con dolor de cabeza y trabajo pendiente para ti.
Conoces los nombres, las llaves y la forma de resolver cualquier crisis. También sabes que nadie más aprende porque tú siempre terminas haciéndolo. Renunciar parece abandonar a la comunidad y perder el lugar donde durante años supiste quién eras.
Lo conocido ofrece identidad y control, incluso cuando desgasta. Por eso no basta con preguntar si una actividad fue valiosa. Conviene mirar lo que entrega hoy, lo que exige y si todavía permite que otras partes de la vida crezcan.
Alejarse no obliga a despreciar el pasado. Puedes documentar procesos, formar a una persona y fijar una fecha final. Una salida cuidada honra lo construido sin convertir la gratitud en permanencia obligatoria.
Anuncias que dejarás el comité en dos meses y preparas una carpeta compartida. La primera reunión sin ti comete errores y termina. Tú cenas con una amiga un martes por primera vez en años. El lugar conocido continúa. Tu semana también.