El Librero de Gutenberg

La vida no es la fiesta que habíamos imaginado, pero ya que estamos aquí, bailemos

La fiesta de jubilación termina en la sala de tu casa porque el salón se inunda esa mañana.

No caben todas las mesas, la comida llega en recipientes equivocados y una parte de la familia no puede asistir. Después de treinta años esperando esa fecha, cada detalle parece una versión menor de lo que merecía.

Aceptar la fiesta disponible no obliga a decir que el plan roto fue mejor. La decepción puede sentarse junto a la gratitud. Bailar significa usar lo que todavía existe antes de que la comparación con lo imaginado lo vuelva invisible.

Tampoco toda situación debe celebrarse. Hay pérdidas que piden duelo y problemas que exigen reparación. Esta frase sirve cuando la vida conserva algo habitable y nuestra insistencia en la versión perfecta amenaza con desperdiciarlo.

Mueven el sofá, conectan una bocina pequeña y bailas con tres personas entre cajas de comida. El salón devolverá el depósito. La jubilación no tuvo la fiesta prevista. Tu sala sí tuvo un baile.

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