¿Cuál es tu sueño más grande? El que me agarra después de comer.
En la sobremesa, alguien pregunta por los grandes sueños y tu tío mira el sillón.
La familia esperaba una respuesta sobre viajes, negocios o una casa frente al mar. Él señala el cojín hundido y dice que su sueño más grande empieza después del mole. La mesa se ríe, incluso quien llevaba rato ensayando una respuesta seria.
Hay preguntas que llegan cargadas de prestigio. Parece que debemos revelar una ambición capaz de justificar la vida completa. Si lo que queremos es pagar una deuda, dormir una siesta o pasar más tardes con la familia, la respuesta parece demasiado pequeña.
El humor pincha esa obligación. No elimina los proyectos ni se burla de quien los tiene. Recuerda que una persona también cabe en sus gustos sencillos, en sus juegos de palabras y en el permiso de no convertir cada conversación en una evaluación de futuro.
Tu tío se levanta, lleva su plato a la cocina y ocupa el sillón. Cinco minutos después duerme. Nadie aprendió una fórmula para alcanzar sus metas. La sobremesa, sin embargo, quedó bastante mejor gracias a una respuesta inútil.