El agradecimiento es una actitud ante la vida
Llueve, el autobús llega tarde y el conductor saluda a cada persona que sube.
No parece feliz de una manera sospechosa. No canta. No dice que la lluvia sea una bendición disfrazada.
Solo espera a que una señora se siente, agradece a quien mueve una bolsa del pasillo y sigue manejando.
La ruta continúa mojada y lenta.
Agradecer no arregla el retraso. Tampoco debería usarse para pedirle a alguien que sonría mientras acepta un sueldo injusto o una situación que necesita cambiar.
Pero hay días en los que uno mira tanto lo pendiente que las personas empiezan a convertirse en parte del mobiliario.
Al bajar dices gracias.
El conductor asiente.
No cambiaste la mañana. Ni él la tuya.
Solo reconociste a la persona que la condujo bajo la lluvia.
A veces una actitud entera cabe en eso: no pasar de largo.