El Librero de Gutenberg

El agradecimiento es una actitud ante la vida

Llueve, el autobús llega tarde y el conductor saluda a cada persona que sube.

Algunos responden, otros buscan asiento sin mirarlo. Él no parece eufórico. Solo dice buenos días, espera a que una señora se siente y agradece a quien mueve una bolsa del pasillo. La ruta sigue mojada y lenta.

Una actitud agradecida no niega lo que está mal. El retraso existe, el sueldo puede ser insuficiente y nadie debe sonreír para volver tolerable una injusticia. Agradecer no sustituye una queja necesaria.

Puede, sin embargo, orientar la atención hacia aquello que otros hacen dentro de un día imperfecto. Un espacio cedido, una puerta sostenida, una llamada cumplida. Son hechos pequeños que suelen desaparecer cuando solo miramos lo pendiente.

Al bajar dices gracias y el conductor asiente. No cambiaste la mañana. Reconociste a la persona que la condujo bajo la lluvia. A veces una actitud cabe entera en no pasar de largo.

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