Me gusta lo simple: un abrazo, un cuídate, un te quiero, un "ponte algo que hace frío", un "avísame cuando llegues". Detalles lindos que llenan.
Publicada en Gutenberg el 29 de julio.
A las once y cuarenta llega un mensaje de dos palabras: "¿Ya llegaste?"
No trae una declaración memorable. Nadie le tomaría una captura para enmarcarla. Pero alguien miró la hora, calculó el trayecto y dejó una parte de su atención junto a la puerta hasta saber que estabas bien.
Las relaciones se cuentan con grandes fechas porque son fáciles de señalar. Lo que las sostiene ocurre entre ellas: guardar el último pedazo, aprender cómo tomas el café, bajar el volumen cuando te duele la cabeza.
Un detalle no reemplaza lo importante. "Cuídate" no compensa una ausencia constante, y un regalo no repara el desprecio. Pero cuando existe cuidado de fondo, esos gestos le dan cuerpo. Vuelven visible algo que de otro modo sería solo una intención.
Quizá hoy no haga falta escribir un discurso. Pregunta si llegó. Lleva la chamarra que alguien olvidó. Compra esa fruta que siempre busca. El cariño también tiene tareas pequeñas.