El Librero de Gutenberg

Si nadie te da una palabra de aliento, tú misma puedes ser quien te levante el ánimo

La editorial rechaza tu manuscrito con un mensaje automático y nadie contesta cuando quieres hablar.

Lees el correo varias veces hasta convertir 'no encaja en nuestro catálogo' en 'no sabes escribir'. Esperabas que una voz cercana separara esas dos frases. Esa tarde, todas las personas que podrían hacerlo están ocupadas.

Darse aliento no consiste en prometerse éxito ni repetir elogios que no creemos. Puede ser una conversación más sobria: esto duele, una editorial respondió, el texto sigue existiendo y mañana puedo revisar otra lista.

El apoyo propio tampoco vuelve innecesarios a los demás. Seguimos necesitando lectores, amistad y consejo. Su utilidad aparece en el intervalo, cuando la ayuda externa tarda y no queremos añadir desprecio personal al golpe recibido.

Cierras el correo y anotas tres editoriales para investigar al día siguiente. Después preparas cena. Nadie llamó esa noche. Tú tampoco abandonaste a la persona que recibió el rechazo.

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