Hay personas que discuten por pelear, no para entender
En la asamblea, un vecino responde a cada propuesta con una burla y una pregunta nueva.
Cuando explicas el presupuesto, ataca tu profesión. Cuando otra persona vuelve a las cifras, dice que todos están comprados. La reunión empieza a girar alrededor de demostrarle algo a quien cambia la prueba cada vez que recibe una respuesta.
No toda discusión tiene como objetivo aclarar. Algunas buscan cansar, provocar o conservar un escenario. La diferencia se nota cuando una respuesta concreta no acerca el tema y solo abre otra acusación sin relación.
Cerrar el intercambio no significa renunciar a la decisión colectiva. Se puede pedir que las objeciones se presenten por escrito, volver al orden del día y votar con la información disponible. El límite protege el proceso de una pelea que pretende ocuparlo entero.
La moderadora anota la última objeción y da por terminado su turno. El vecino sigue hablando sin micrófono. La asamblea aprueba revisar dos presupuestos. Nadie ganó la pelea que él quería. El edificio recuperó la conversación que necesitaba.