El hogar no solo es la casa, son las risas, la convivencia, el apoyo, el cariño y todo lo que la familia crea
La primera cena en el departamento prestado se sirve en platos distintos sobre una mesa plegable.
La inundación dejó la casa inhabitable y cada objeto extraño del nuevo lugar recuerda que están de paso. Tu hija pregunta cuándo volverán. Nadie sabe. Entonces tu pareja sirve la sopa y pone en el centro el frasco de chile que alcanzaron a rescatar.
Una casa ofrece techo, privacidad y memoria. No conviene romantizar su pérdida. El hogar, sin embargo, también vive en acciones repetidas: quién deja la última tortilla, qué canción acompaña los platos y cómo se hace sitio cuando alguien llega cansado.
Esas costumbres no reemplazan lo material. Ayudan a que la familia no espere la reconstrucción para volver a tratarse como una comunidad. Crear hogar puede empezar mientras todavía se llenan formularios y se secan fotografías.
Después de cenar, juegan cartas porque la televisión prestada no funciona. Tu hija protesta cuando cambian una regla y todos se ríen de la misma manera que antes. El departamento sigue siendo ajeno. Durante esa partida, la mesa plegable deja de serlo.