El Librero de Gutenberg

El amor se demuestra, sin esperar sacar ventaja

Preparas la cena mientras tu pareja estudia y, en secreto, empiezas a guardar la cuenta.

No dices nada. Sirves el plato, lavas la olla y deseas que note el esfuerzo. Una semana después, cuando necesitas un favor, recuerdas cada cena como prueba de que ahora le toca responder exactamente de la manera que esperas.

La reciprocidad importa. Una relación donde una persona da siempre y otra solo recibe termina agotándose. Pero reciprocidad no es contabilidad inmediata. El cuidado circula en tiempos y formas distintas, y necesita conversaciones cuando el reparto se vuelve injusto.

Dar sin ventaja no significa aceptar desequilibrio. Significa no esconder un contrato dentro de un gesto. Si necesitas ayuda, puedes pedirla. Si estás cansado de cocinar, puedes decirlo. Lo que lastima es convertir el cariño pasado en una factura sorpresa.

Esa noche preguntas si mañana puede encargarse de la cena. Dice que sí y agradece la de hoy. La olla queda limpia sin convertirse en argumento. El amor conserva mejor su sabor cuando las necesidades se hablan aparte.

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