El Librero de Gutenberg

El amor es desinteresado. Pero una relación exige que ambas partes se involucren

Durante ocho meses eres tú quien compra los boletos, propone las llamadas y pregunta cuándo volverán a verse.

Él responde con afecto cuando llegas y dice que te ama al despedirse. Nunca parece haber una pelea suficiente para terminar. Tampoco aparece una fecha que no hayas buscado tú. Empiezas a usar sus palabras como prueba de una relación que, en el calendario, solo se mueve desde un lado.

Amar puede ser un sentimiento sincero sin convertirse automáticamente en una vida compartida. Una relación necesita atención práctica: iniciar contacto, reservar tiempo, reparar una herida y tomar decisiones que consideren al otro. Las tareas no serán idénticas ni se repartirán por mitad cada semana. Sí necesitan mostrar que hay dos voluntades participando.

Pedir esa participación no vuelve interesado el amor. Tampoco obliga a la otra persona a ofrecer una forma que no puede o no quiere sostener. A veces existen salud, trabajo o distancia que vuelven desigual una temporada. La diferencia está en si ambos nombran la dificultad y diseñan algo juntos o una persona administra también las razones de la otra.

Le dices que no comprarás el siguiente boleto. Si quiere continuar, necesita proponer la próxima visita antes de fin de mes. La fecha pasa y no llega. Terminas la relación sin declarar falsos todos sus abrazos. Tal vez te amó. Lo que ya no harás es usar ese amor para firmar sola un vínculo que necesitaba dos nombres.

Recibe las cartas

Si esta lectura te hizo compañía, puedo mandarte la siguiente.

Sigue por aquí

Dos ideas cercanas a esta conversación.