A veces queremos dividirnos en mil pedazos para tener a todos contentos. Esa es una lucha que no vamos a ganar
Tres partes de la familia esperan que cenes con ellas la misma noche de diciembre.
Prometes llegar temprano a una casa, pasar por otra y terminar en la tercera.
En el mapa parece posible.
En la vida real cada comida empezará tarde, conducirás con prisa y alguien medirá tu cariño con los minutos que no recibió.
Quieres complacerlos porque los quieres. También porque no quieres soportar la cara de quien escuche "este año no".
Así que prometes una versión de ti con tres cuerpos y cero tráfico.
Decides cenar con tu madre y visitar a los demás durante el fin de semana. Una tía se ofende.
No intentas convencerla durante cuarenta minutos de que no debería ofenderse. Ya dijiste dónde estarás y cuándo puedes verla.
La noche llega con una sola silla para ti.
Y, por primera vez en años, permaneces sentado hasta el postre.