El Librero de Gutenberg

Que nada ni nadie te lleve al límite, cuesta recuperarse cuando soportamos por mucho tiempo

Por cuarta semana aceptas cubrir el turno de quien falta porque eres la única persona que sabe cerrar.

Llegas a casa cuando todos duermen y despiertas antes de sentir descanso. El gerente agradece tu compromiso y promete contratar pronto. Tú sigues porque abandonar al equipo parece peor que admitir que ya confundes cifras al final de la noche.

Soportar mucho tiempo puede parecer fortaleza hasta que el cuerpo, la atención o el trato con otros pagan la cuenta. Un límite preventivo no necesita esperar una crisis visible para ser legítimo. La capacidad también se protege antes de agotarse.

Decir basta no resuelve la falta de personal y quizá tenga un costo. Puedes documentar turnos, definir cuántos cubrirás y enseñar el cierre a otra persona. La responsabilidad de una empresa no debe depender indefinidamente de que alguien sacrifique su recuperación.

Informas que cubrirás una noche más y entregas el procedimiento escrito. El gerente protesta y finalmente capacita a dos compañeros. La semana siguiente sales a tu hora. El negocio sigue abierto sin necesitar que tú llegues cerrado a casa.

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