El Librero de Gutenberg

Es increíble cómo uno puede escribir algo tan simple y recibir mensajes de odio porque entendieron lo que quisieron con el mensaje.

Publicas el nuevo horario del centro comunitario y antes del desayuno ya tienes tres comentarios.

Una pregunta si los talleres podrán terminar. Otra persona dice que el horario perjudica a quienes salen tarde del trabajo. La tercera describe tu coche y promete encontrarte.

Tu primera reacción es cerrar todo.

Se entiende. El cuerpo no organiza cada comentario en una carpeta distinta antes de asustarse.

Pero no son lo mismo.

La pregunta descubre una omisión. La crítica merece respuesta. La amenaza necesita captura, reporte y bloqueo.

Aclaras el horario y contestas a la vecina. Guardas la amenaza y bloqueas esa cuenta. El comentario crítico permanece visible.

Al final del día la página no parece un coro de aprobación.

Tampoco un basurero abierto.

Parece un lugar donde todavía se puede disentir sin entregar la seguridad como precio de entrada.

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