El Librero de Gutenberg

La madurez no siempre viene con la edad, sino con la experiencia

El miembro más joven del comité reconoce que reservó dos eventos para el mismo salón y llega con una solución.

Tiene veintitrés años. Antes de que alguien la descubra, llama a los dos grupos, consigue un espacio alterno y ofrece cubrir el costo del traslado con el fondo que administraba. Un integrante mayor todavía comenta que le falta madurar por la edad.

Los años multiplican oportunidades de aprender, pero no garantizan que las usemos. Una experiencia puede volvernos más atentos, más rígidos o simplemente más viejos. La madurez se reconoce mejor en la capacidad de asumir un efecto, tolerar una corrección y ajustar la conducta.

Eso tampoco convierte a la juventud en una virtud automática. Hay decisiones que requieren conocimiento acumulado y personas mayores cuya experiencia evita errores costosos. El punto es no usar la fecha de nacimiento como sustituto de observar competencia, responsabilidad y juicio.

El comité acepta la solución y registra un nuevo control de reservas. Al terminar, el integrante mayor pregunta cómo consiguió el segundo salón tan rápido. Ella le enseña la lista de contactos que preparó al asumir el cargo. La edad permanece. La conversación deja de usarla como veredicto.

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