El Librero de Gutenberg

Y con el tiempo aprendí a ser más realista con mis expectativas

Para diciembre preparas ochenta cajas de galletas.

El año pasado vendiste esa cantidad en dos días. Así que compras mantequilla, apartas tres noches y reclutas a tu hermana con la clase de entusiasmo que solo existe antes de lavar la primera charola.

Al terminar la semana quedan veintisiete cajas sobre la mesa y tu hermana ya no quiere volver a ver una barra de mantequilla.

No fue un desastre. Vendiste más que otros meses.

Peeero... organizaste el dinero, el sueño y la ayuda de tu hermana suponiendo que el mejor fin de semana del año pasado se repetiría igual.

Ser realista no significa mirar al piso y pedir poquito para no decepcionarte.

Significa usar algunos datos antes de comprar ingredientes para ochenta cajas.

El año siguiente abres pedidos con anticipo. Preparas cincuenta cajas y dejas ingredientes medidos para doce más.

El sábado se llenan las reservas. Usas la segunda tanda.

No vendiste menos por ser realista. Preparaste una cantidad razonable y dejaste lista una segunda tanda por si hacía falta.

Y tu hermana, detalle importante, volvió a hablarte el domingo.

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