Los demás también tienen retos, también tienen malos días y con pequeñas acciones podemos hacerlos menos pesados
La repartidora llega empapada y descubre que el número de tu edificio no aparece desde la calle.
Se disculpa por el retraso aunque lleva tres bolsas y el elevador está descompuesto. Podrías recibir el pedido y cerrar. En cambio, bajas, sostienes la puerta y le indicas dónde puede dejar las bolsas sin subir dos pisos más.
No conocemos todo lo que una persona carga. Eso no nos obliga a imaginar tragedias ni a salvarle el día. A veces basta mirar el obstáculo presente y reducirlo un poco sin convertir la ayuda en una exhibición de bondad.
Las acciones pequeñas también deben respetar lo que la otra persona necesita. Ofrecer agua, una indicación clara o paciencia puede servir. Dar consejos, preguntar asuntos personales o exigir gratitud puede añadir otra carga bajo apariencia de interés.
Después del pedido, limpias el número de la fachada y reportas el elevador. La próxima repartidora encontrará la entrada antes. No sabrás si aquel era el peor día de la primera. Sabes que no tuvo que cargar también con un número invisible.