A veces donde menos buscamos es donde más encontramos, y de quien menos esperamos es de quien más recibimos
El refrigerador del comedor se descompone y las personas de siempre ya no pueden poner más dinero.
Llamas a proveedores, voluntarios antiguos y familiares. Cada quien ayuda con algo o explica por qué no puede.
Entonces alguien propone preguntar en el taller mecánico de la esquina.
Apenas intercambian saludos. Además, arreglan coches, no refrigeradores. Suena como tocar una puerta solo para escuchar un "no" bastante lógico.
Tocas de todos modos.
El dueño no ofrece dinero. Llama a un cliente que repara equipos y consigue una visita sin costo.
Dos días después, el refrigerador funciona.
La ayuda inesperada no cayó del cielo. Apareció cuando la necesidad salió del grupo que ya la conocía y llegó a alguien con otro tipo de recurso.
No vino de la mano que imaginabas.
Vino de la mano que sabía a cuál puerta tocar.