Cualquier momento es buen momento para empezar a cuidar de ti
Llevas seis meses leyendo con una lámpara que parpadea y prometes cambiarla cuando tengas tiempo para ordenar toda la casa.
Cada noche mueves el sillón para encontrar un ángulo menos molesto. La lámpara cuesta menos que varias compras que ya hiciste, pero reemplazarla parece demasiado pequeño para llamarlo cuidado y demasiado aislado para iniciar el gran cambio que imaginas.
A veces tratamos el cuidado propio como una temporada que empezará cuando todo esté en orden. Esa condición lo vuelve siempre posterior a las obligaciones. Cuidarse no exige convertir cada incomodidad en un proyecto ni comprar soluciones. Puede comenzar atendiendo una necesidad específica que lleva tiempo pidiendo lugar.
El siguiente paso conviene ser observable y proporcionado: reparar una luz, pedir una cita pendiente, preparar comida para mañana o decir que una carga necesita repartirse. Algunas situaciones requieren apoyo profesional o cambios mayores. Empezar pequeño no las niega. Evita que la espera del plan perfecto prolongue lo que sí puede atenderse hoy.
Compras una bombilla adecuada y ajustas el cable antes de sentarte a leer. La casa sigue desordenada y las vacaciones no llegaron. Esa noche no inauguraste una nueva vida. Dejaste de pedirle a tus ojos que esperaran a que la vida entera estuviera lista.