El valor del trabajo y del esfuerzo es de las pocas cosas que se aprenden por experiencia propia
Tu sobrina pide vender contigo en el mercado.
A las cinco y media de la mañana acomoda cajas y pregunta cuánto falta para abrir.
Luego atiende, cuenta cambio y limpia una botella derramada. Al cerrar mira el dinero y sonríe... hasta que separan transporte, hielo y permiso.
Tres productos que parecían ganancia acaban de desaparecer frente a sus ojos.
Podías haberle explicado todo eso en la cocina. Seguro habría asentido con mucha seriedad mientras miraba el teléfono.
En el mercado lo vio pasar por sus manos.
Eso sí: aprender el valor del esfuerzo no significa trabajar gratis ni aguantar lo mismo que tú aguantaste. Le diste una tarea clara, pausas y la parte acordada.
Recibe menos dinero del que imaginó y MUCHA más información.
La semana siguiente vuelve con una tabla para registrar lo que se pierde.
Ya no dice que vender sea fácil.
Tampoco dice que sea imposible.