Enamorarte después de los 50: una aventura de alto vuelo

¿Es posible el amor después de los 50? Por supuesto que sí. Mucho más en la actualidad, cuando ya se han derrumbado toda una serie de mitos relacionados con la edad. Mientras vivas y sientas, el amor no deja de ser una posibilidad tan real como apasionante.

Las edades de la vida

El tema de la edad y las características de cada edad son también relativos. No hay divisiones tajantes que marquen una diferencia absoluta y radical entre un adolescente y un anciano, o entre un niño y un joven. No somos un cuerpo estructurado que avanza en forma lineal por la vida. Nos habitan muchos “yo” con diferentes edades.

En nuestro corazón sigue estando el niño que se asombra al ver una luciérnaga. También está ese anciano sabio y mesurado, que a veces habla dentro de nosotros cuando tenemos 20 años y se hace notar con más frecuencia cuando tenemos 60. También está el adolescente y el joven. La edad es una convención y una determinación biológica que en el mundo mental y emocional se relativiza.

Dicho esto, hay quienes piensan que enamorarte después de los 50 no es lo mismo que enamorarte a los 17. Se equivocan. También en la quinta década pueden aparecer mariposas en el estómago que baten sus alas con gran intensidad. También uno se ruboriza a los 54 y le sudan las manos cuando ve a su nuevo amor, a los 57.

Enamorarte después de los 50

Las estadísticas nos dicen que son relativamente frecuentes los divorcios a los 50 y tantos años. Muchas personas a esa edad, en la que todavía se sienten jóvenes y fuertes, deciden acabar una relación con la que no estaban conformes. La misma en la que aguantaron hasta que los hijos crecieron.

Otras veces simplemente a esa edad se produce una señal de alerta. La finitud de la vida es un hecho que gana consciencia. Por eso no es raro encontrar personas que están solas a los 50, recién divorciadas y quizás con interés por enamorarse de nuevo.

No existe ninguna razón por la cual no puedas o debas enamorarte después de los 50. Tampoco es fácil que se dé. Difícilmente llegan los admiradores a tu puerta o se dan coincidencias mágicas que te conducen al amor. En muchos casos es necesario hacer un ejercicio de apertura mental; en muchas ocasiones el nuevo amor llega a través de nuevas experiencias.

Pareja en la playa

Los límites y las posibilidades

Lo bueno de esos amores tardíos es que, aunque vivan intensamente la etapa del enamoramiento, tienen mayores probabilidades de aterrizar en un sentimiento más realista, sin las decepciones que nos podemos llevar a los 20 años. No verán con gran nostalgia, ni con sorpresa, ese aterrizaje forzoso. Hay mayor capacidad de aceptar al otro como es, sin idealizarlo.

Lo que sí resulta un inconveniente es acoplar los estilos de vida. Pasados los años, no es fácil cambiar con determinadas costumbres asentadas, quizás somos más compresivos, pero menos flexibles.

También hay que aceptar que, pasadas ciertas edades, el amor suele expresarse más con actitudes y hechos que con palabras. Por otro lado, el enamoramiento pasa a ser más bien un guiso de fuego lento: la persona entiende mejor la trascendencia de determinados cambios, es más consciente de que lo que haga, de que su elección de pareja puede afectar a otros. En cualquier caso, la serenidad de un amor en la madurez no hace que este sea menos apasionante o que se experimenten sensaciones parecidas al hacer determinadas apuestas.