La bicicleta es mi pasión y no un deporte de riesgo

Después de una semana dura de trabajo necesitas vapulear a tu estrés y reducirlo a golpe de pedal. De unos años a esta parte, redescubriste la bicicleta.

Cuando eras pequeño heredaste una de uno de tus primos y la compartías con tu hermano. Bajabas a pasear porque entonces en las calles del barrio donde creciste pasaban pocos coches. Aún guardas en tus rodillas las marcas que dejaron las primeras caídas y es que te encantaba bajar al paseo, pedalear con fuerza y que la brisa del mar te abriera camino, acariciando tu cara y tu pelo.

Has crecido, y mucho. Te has podido permitir comprar una bicicleta de montaña casi profesional y todo lo necesario en cuanto a ropa, cascos y zapatillas especiales. Llega el ansiado fin de semana y ya tienes preparada una nueva ruta para quemar kilómetros y conquistar parajes.

Sin embargo, no siempre te es posible salir a la montaña. Así que también adquiriste una bicicleta para poder ir por carretera. Los modelos son distintos y cada vez más sofisticados. Sillines especiales, piezas de carbono y un sinfín de accesorios que tú mismo te encargas de cambiar. Te has vuelto un verdadero experto.

Un sábado te preparas para salir pero le dices a tus compañeros que vas a volver antes. Ellos han decidido que van a continuar unos cuantos kilómetros más. Desayunáis, como cada semana, pero tú después te despides y vuelves a casa.

Sin darte apenas tiempo a llegar, tu mujer está llamando a tu móvil. Hoy en día las noticias vuelan, literalmente. Un pelotón de ciclistas ha sido atropellado justo en la carretera por la que ella sabe que hoy teníais previsto circular.

No puedes dar crédito, como siempre, pensamos que no ha podido pasarnos a nosotros. Las desgracias le pasan a los demás. Pero hoy no ha sido así y les tocó a tus compañeros.

Un conductor de más de 80 años con un todoterreno ha invadido el carril habilitado en el arcén para los ciclistas. Como si de fichas de dominó se trataran, ha derribado a ocho de ellos en un atropello brutal. Uno ha fallecido en el acto tras el terrible impacto. Los otros sufren heridas espantosas y uno de los que milagrosamente no ha recibido ningún golpe lo describe como un escenario de guerra. Como si una bomba hubiera explotado junto a ellos. Vidas truncadas, destrozadas, secuelas irrecuperables y familias desesperadas. Lo que iba a ser una mañana más de deporte y compañerismo, de diversión, se ha convertido en la peor de las experiencias.

Cuando lo vives de cerca, te das cuenta de lo espantoso que es. Cuando se habla de atropellos nunca crees que pueda ser tan devastador.

No es extraño el mes que vuelves a leer que ha habido nuevos atropellos. Todos de mucha gravedad. No por ello dejarás la bici porque es tu pasión y el miedo no va a paralizarte. Volverás a recorrer la misma ruta, recordando a los que ya no están, a los que todavía sufren y respirarás hondo. El peligro está acechando, siempre, pero la vida es corta y hay que disfrutarla.

A los que conducen y sólo ven un pelotón de ciclistas molestos, quiero que hagan el ejercicio de mirar a través de ellos. Uno es padre de dos hijos y trabaja sin descanso para sacarlos adelante. Otro es soltero y a sus 25 años acaba de encontrar su primer trabajo. Entre ellos hay un matrimonio que comparte afición. Otro tiene a su madre enferma y necesita de estos ratos de asueto porque cuida de ella además de trabajar. Y todos, todos, tienen que volver a casa.

 

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By Ana Mera

Nací en Barcelona, más concretamente en el barrio de la Barceloneta, pero por trabajo me he convertido en nómada. Estudié publicidad. Soy madre de 3 hijos, mi mejor experiencia vital. Me encanta escribir sobre lo que ocurre a mi alrededor. A mis cuarenta y muchos me considero una persona vital y sociable, con muchas ganas de que la vida me permita envejecer junto a los que quiero!!