La actitud es contagiosa: Rodéate de gente que saque lo mejor de ti

“Una persona feliz no es una persona en un cierto conjunto de circunstancias, más bien, es una persona con un cierto conjunto de actitudes”

Si la actitud es lo más importante que llevas, asegúrate de que nadie tome tus esperanzas y sueños y los llame «imposibles».

No dejes que socaven tus deseos haciéndote creer que no vales, que no puedes hacerlo o que no lo mereces. Nuestra actitud tiene mucho poder sobre lo que pasa en nuestras vidas. Así que no lo hagas, no dejes que te roben tu prenda más hermosa: tu actitud. Los libros de autoayuda se centran en el éxito. Dirigen nuestra atención a las victorias externas, siendo reconocidos por nuestro valor, habilidades y destrezas. Ahora tenemos algo que decir al respecto: no estamos tratando de lograr el «éxito externo», sino la paz interior. Siempre estamos adquiriendo nuevas habilidades, y eso está muy bien. Probar que podemos hacer algo bien es muy gratificante, no se puede negar. Pero lo que realmente importa es nuestra actitud, porque eso es lo que marca la diferencia entre un buen día y un mal día.

Es lo que nos da la capacidad de ser optimistas cuando todo está en nuestra contra. Es lo que nos permite creer en nosotros mismos cuando otras personas intentan encogernos y hacernos pequeños. «Yo lo valgo, sé cómo hacerlo, y lo merezco». Estas son las tres afirmaciones que debemos usar para alimentar nuestra actitud todos los días. La actitud con la que debemos comenzar nuestros días, tan importante como nuestro café y tostadas. Sin embargo, hay momentos en que las mentalidades negativas, derrotistas o incluso tóxicas de algunas de las personas que nos rodean pueden definitivamente afectar esta perspectiva soleada y hacerla tormentosa.

Tu actitud: Una decisión personal

El número de libros publicados sobre la felicidad y el crecimiento personal se duplica cada año. Sin embargo, la OMS ya está advirtiendo que antes de lo que pensamos, la depresión será el problema de salud y discapacidad número uno en todo el mundo. Así que, sigamos adelante y eduquemos a nuestros hijos para que sean buenos en ciencias, matemáticas, tecnología, programación. Pero tampoco debemos olvidarnos de enseñarles cómo manejar la frustración, cómo procesar sus sentimientos, su ira, su tristeza…

Nadie habla realmente de actitud, o de cómo hacer eso de «creer en ti mismo». No sabemos cómo, porque lo único que nos enseñaron en la escuela fue a identificar el sujeto y el predicado de una frase o a encontrar el mínimo común denominador. Nos han enseñado a ser buenos, respetuosos y a sacar buenas notas y entonces la felicidad aparecerá. Pero tarde o temprano descubriremos que nuestras buenas intenciones no son suficientes para el éxito. Nos damos cuenta de que si los demás no creen en nosotros, nuestro fuego se apaga como una vela apagada por un viento frío. La sociedad puede darnos una buena educación, pero también nos retiene metiéndonos en una sala de espera aislada. Esperamos allí con otras personas que nos infectan con sus esperanzas desnutridas, su derrotismo, su autoestima de corte y pegado.

Una chica triste con una actitud derrotada

Eventualmente nos damos cuenta de que estamos «enfermos». Estamos infectados por la depresión y la pasividad. Nuestra mente se nubla y se pone en piloto automático, desafortunadamente dirigido por la negatividad de otras personas.

Al final, vemos que esa actitud no es más que una decisión personal. Es una que nos saca de la tierra estéril y desolada donde nada crece. Recordaremos que no merecemos estar allí. Reuniremos la energía para encontrar lo que realmente necesitamos.

Tres componentes de una actitud fuerte y valiente

Algunas personas dicen que una actitud positiva no resolverá todos nuestros problemas. Lo que hará es molestar a mucha gente. Con sus mentes cerradas y perspectivas estrechas, no hacen más que poner alambre de púas alrededor de nuestros sueños y traer tormentas en nuestros días soleados. Debemos tener en cuenta que la actitud es un valor personal en el que tendremos que trabajar todos los días. Porque si esperamos que mejore por sí misma, la influencia tóxica de otros puede hacerla aún más débil. Así que siempre es bueno recordar estos tres elementos que mantienen, forman y fomentan actitudes fuertes:

Compromiso: una buena actitud requiere un compromiso serio con nosotros mismos. Un compromiso con las metas, valores y objetivos que nos fijamos. Autocontrol: para cumplir ese sueño, alcanzar esa meta, necesitamos tomar control de nuestras propias realidades, sobre las cosas que nos pasan. Es nuestra responsabilidad. Adoptamos una actitud activa, positiva y valiente. La última pieza del rompecabezas es la determinación. Es un componente que no debemos olvidar, porque la vida siempre nos pondrá retos delante de nosotros todos los días. Tenemos que ver estas pruebas como desafíos de los que podemos aprender y usar para crecer. Seamos los protagonistas de nuestras vidas.

fuente: SoyEspiritual