Una de las cosas más hermosas en esta vida sin duda alguna es convivir con la naturaleza y que desafortunadamente son muy pocas las personas que lo hacen hoy en día.

Algunos por miedo o por simple excusas que no tienen sentido alguno. Pero en esta ocasión te daremos a conocer un total de 4 aventuras que debes hacer en la naturaleza por lo menos una vez en tu vida, aunque seguramente las harás más de una ocasión.

Actividades que debes hacer en la naturaleza

Actividades que debes hacer en la naturaleza

Montañismo

Imagina comenzar a caminar de madrugada, con la luna aún iluminando el cielo. El sonido del silencio acaparando toda tu atención y el camino rugoso que te dice que no será un día fácil. No necesitas ser un experto para comenzar a practicar montañismo, pero siempre necesitas de expertos que te ayuden a mejorar. Puedes caminar por horas en los senderos o ser más aventurero e intentar escalar con el equipo apropiado.

Carrera en el mar

Para muchos las vacaciones son una excusa para ir al mar, pero la mayoría sólo entra un rato a sentir las olas e incluso hay quienes sólo observan a la distancia. Aunque conocemos los peligros y el respeto que debemos tener al mar, no hay nada como aprender a nadar en él y hacer una carrera, aunque sea corta, para sentir lo que es entregarse completamente a él y entender que no es nuestro territorio y que debemos ser más respetuosos con él.

Saltar desde una cascada

Entrar al mar de forma horizontal es temible, pero caer al agua desde una altura de 10 o 15 metros implica otro tipo de coraje, aunque hay que aceptarlo, es bastante divertido. Saltar al agua es como un salto de fe en el que sabes que saldrás ileso, pero si tienes problemas con las alturas realmente implica soltar miedos y sumergir como alguien nuevo.

Salir a acampar

Una cosa es caminar por un bosque o una montaña y regresar a una cabaña o incluso a casa, pero si decides darle una oportunidad a una casa de campaña, realmente apreciarás todo lo que tienes en casa con mucho más valor.

La tierra húmeda, fría y dura, el sonido del viento susurrando miedos internos y obligándote a mantenerte inmóvil y mucho más, pero lo más importante, el contacto con la naturaleza y con tu propio instinto animal que aún sigue en tus genes.

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