¿Qué hace que una persona sea “buena” en el gran esquema de las cosas?

Hay algunos rasgos considerados buenos por casi todo el mundo. También hay variables culturales en cuanto a lo que simboliza y expresa la bondad en una persona.

En última instancia, depende del individuo determinar cuáles son las cualidades de una “buena persona”.

Cuando se nos pide que expliquemos por qué algunos de nuestros héroes son (o fueron) sinceramente buenas personas, muchos de estos rasgos aparecerán en la lista.

1. Prudencia

Una buena persona es una persona prudente. La prudencia es la capacidad de determinar si una acción concreta es una buena idea (o apropiada) en ese momento concreto. Se considera una de las cuatro virtudes cardinales, derivada originalmente de la República de Platón.

La prudencia también se refiere a una situación en la que tienes fuerzas para hacer algo, pero decides no hacerlo. O cuando podrías hacer algo que es autoindulgente en el momento, pero eliges errar por el mejor juicio para más adelante.

Un ejemplo de esto sería abstenerse de gastar dinero en juegos y comida basura porque necesitas ahorrar lo suficiente para cubrir tu parte del alquiler y las facturas. Puedes gastar un poco en un pequeño capricho, pero elige la responsabilidad en lugar de la diversión o la gratificación temporal.

 

2. Templanza

Aunque la mayoría de la gente interpreta la templanza como la abstinencia de algo, lo que realmente significa es la moderación.

Tener templanza significa encontrar el camino del medio y equilibrar el yo ante cualquier situación. Abarca la autodisciplina y el conocimiento de uno mismo. Al fin y al cabo, tienes que conocer tus propias capacidades, así como tus propios límites, para encontrar la zona moderada entre ellos.

Por ejemplo, encarnar el sentido de la diplomacia como moderador significa encontrar ese mágico punto intermedio entre expresar lo que necesitas decir, con las necesidades y opiniones de los demás a tu alrededor.

En otras personas, la templanza puede significar aceptar una pequeña copa al brindar con otros, pero abstenerse de beber hasta la embriaguez. O disfrutar a fondo de un trozo de pastel sin abusar.

Cuando eres equilibrado y comedido en tus planteamientos sobre todo, puedes experimentar y comprender todo sin sentirte abrumado por ello.

 

3. Coraje

Las buenas personas suelen mostrar coraje. El coraje no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar aunque sientas miedo. Es saber que te espera una tarea difícil y potencialmente peligrosa, pero hacerla porque sabes que hay que hacerla.

Ésta va unida a varias de las otras cualidades enumeradas aquí. Por ejemplo, a menudo se necesita valor para actuar con integridad.

La valentía puede adoptar muchas formas, desde intentar un ejercicio nuevo y desafiante hasta enfrentarse a una persona intimidante, o enfrentarse a algo que te asusta.

El primer nivel de valor es hacer algo aunque te aterrorice.

El último nivel es ser una fuerza tranquila e inspiradora para los demás, mientras sientes el mismo miedo que ellos están experimentando.

Por ejemplo, un oficial de alto rango en una trinchera de la Primera Guerra Mundial era un bastión de calma y confianza, mientras las tropas a su alrededor temblaban de miedo. Un joven soldado le preguntó cómo estaba tan tranquilo, y el oficial le respondió que tenía que estarlo para mantener la moral alta. Además, sabía que los soldados del otro bando también tenían miedo, y eso le resultaba extrañamente tranquilizador.

 

4. Compasión

Ser compasivo no consiste sólo en comprender el dolor de otra persona. Es también el deseo de ayudar a aliviarlo. Uno puede mirar a una persona y ver que está sufriendo (compasión) y pasar de largo. Pero cuando queremos hacer lo que podemos para ayudar, eso es compasión en acción.

En última instancia, el elemento básico de la compasión es la bondad. Queremos dar de nuestras propias capacidades para ayudar a otro ser que pueda estar sufriendo. Podemos tener compasión por las personas, los animales, los árboles, los ríos… cualquier cosa que parezca estar en peligro y a la que podamos ayudar a disminuir.

La mayor maestría de la compasión se produce cuando la persona a la que intentas ayudar te hace daño, y aun así le ofreces ayuda de forma amorosa y amable. Un adulto puede arremeter contra ti, o el animal herido puede morderte, pero aun así intentas ayudar.

La compasión significa que comprendes el dolor de otro sin agravarlo, ofreciéndole lo que necesita y dándote a ti mismo, independientemente del resultado.

 

5. Generosidad

La generosidad es una cualidad que suele asociarse a una buena persona. Cuando tenemos un excedente de algo, es importante compartirlo con otros que tienen menos. Incluso si no tenemos un excedente, es importante compartirlo con los demás.

Siempre tenemos algo que podemos compartir o dar a los que nos rodean. Tampoco tiene que ser riqueza monetaria u objetos físicos. Las personas que no tienen mucho dinero pueden ser inmensamente generosas con su tiempo, por ejemplo. Pueden ser voluntarios con los ancianos o haciendo obras de caridad. O pueden enseñar sus habilidades a otras personas que quieran aprender de ellas.

Ser generoso significa que das con el corazón, sin ningún plan para recibir nada a cambio, ni para controlar a aquellos con los que estás siendo generoso. Son regalos que se dan libremente, no porque pienses que te beneficiarás a cambio.

A menudo, los que menos tienen son los más generosos con los demás, porque saben lo que es no tener nada. Tienen el corazón más grande, y suelen ser los más dispuestos a ayudar a los necesitados.

 

6. Paciencia

Esta es una de las cualidades que muchos admiran, pero también es una de las más difíciles de poner en práctica. Es posible que esto se deba a que pocos de nosotros somos realmente pacientes por naturaleza.

Tendemos a querer las cosas en nuestros términos, en nuestro tiempo. Como resultado, nos frustramos y nos molestamos cuando las cosas no se desarrollan como creemos que deberían.

Por eso es importante recordar que el mundo no gira en torno a nuestros deseos y nuestra agenda. Hay miles de millones de jugadores en este tablero de ajedrez, todos comprometidos en una intrincada danza. Por ello, tenemos que reconocer y respetar que todos somos engranajes de la máquina, y que nuestro momento de girar llegará cuando tenga que hacerlo.

Además, es importante ser consciente de que la falta de paciencia puede causar mucho daño. La gente sólo puede dar lo mejor de sí misma, y cuando somos impacientes con los que no son tan capaces como nosotros, podemos hacer que se sientan realmente mal consigo mismos. O peor aún, pueden acabar traumatizados y dañados.

Por eso es importante tener paciencia con la abuela o el niño cuando cruzan la carretera a toda prisa, porque no pueden seguir tu ritmo. Si no lo eres, y te alejas rápidamente en lugar de ayudar, pueden acabar heridos.

La paciencia significa que puedes mantener la calma y ser comedido en tus respuestas, incluso cuando estás irritado. No hacer una rabieta cuando te obligan a esperar. Y no quejarse indebidamente cuando las cosas tardan más de lo previsto.

 

7. Respeto

El respeto es sin duda una característica de una buena persona. Cuando hablamos de respeto, estamos englobando varios aspectos del mismo. Esto incluye el respeto a otras personas, el respeto a uno mismo, el respeto a la vida, a la naturaleza, etc.

La tolerancia, la estima, el aprecio y el reconocimiento son sólo algunos aspectos del respeto que pueden entrar en juego.

Por ejemplo, podemos respetar la naturaleza no arrojando basura ni contaminando las fuentes de agua. Podemos respetar a los compañeros de casa reconociendo el hecho de que viven sus vidas de forma diferente a la nuestra, para no proyectar en ellos nuestras expectativas de comportamiento.

Podemos respetar nuestro cuerpo comiendo bien y haciendo mucho ejercicio, y mostrar respeto por nosotros mismos no realizando actividades que nos harían sentir vergüenza más tarde.

Reconocemos los límites -los nuestros y los de los demás- y no los sobrepasamos en aras de la autocomplacencia. Reconocemos que cada individuo es perfecto, soberano y sagrado. Por ello, no menospreciamos a los demás ni los maltratamos. Por el contrario, prestamos atención cuando hablan, honramos sus palabras y prestamos atención a sus elecciones personales.

No hace falta mucho esfuerzo para ayudar a los demás a sentirse vistos y escuchados, pero supone una gran diferencia para ellos cuando lo hacemos.

 

8. Tolerancia

Tolerancia significa aceptar que los demás piensen, se comporten o vivan de forma diferente a la nuestra, sin intentar cambiar sus costumbres para adaptarlas a nuestras propias preferencias.

En términos más sencillos: vive y deja vivir.

Intenta comprender a tus coetáneos de otras culturas, razas, religiones y credos, en lugar de atacarlos por sus diferencias con respecto a ti.

Esta es la diferencia entre las personas que hablan de lo tolerantes que son, pero quieren protagonizar la próxima caza de brujas.

En el 1600 fueron las brujas. En el siglo XIX fueron los amerindios. En los años 30 fueron los judíos. Es lo que es hoy, y dentro de 200 años habrá otro grupo objetivo para la ira de la gente.

No te subas a ese carro. Todos somos mejores que eso.

 

9. Integridad

Una buena persona actuará con integridad. La integridad significa hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando. Es mantener tus convicciones morales y éticas individuales a pesar de las opiniones e influencias de otras personas. Especialmente cuando es difícil hacerlo.

Por ejemplo, digamos que estás trabajando en una obra y encuentras un artefacto precioso. Sólo ganas el salario mínimo en este trabajo, y se trata de un anillo de oro centenario enterrado en el barro. Nadie lo ha visto excepto tú. Si lo vendieras, probablemente ganarías mucho dinero. Pero también reconoces que tiene un significado histórico.

Tu sentido de la integridad te haría informar del anillo al forense local o al funcionario de enlace de los hallazgos para que lo investiguen. Claro que podrías obtener una recompensa por él, probablemente menos de lo que habrías ganado por empeñarlo, pero sabes que es lo correcto. No tenías que hacerlo, pero lo hiciste de todos modos.

 

10. Compromiso

Este aspecto está relacionado con la integridad, pero lo amplía de forma diferente.

El compromiso significa que has mantenido tu palabra, aunque te haya resultado difícil hacerlo. Esto podría significar seguir con un trabajo o proyecto que odias absolutamente porque prometiste a alguien que lo harías. O podría ser permanecer fiel a una pareja, a pesar de tus propias inclinaciones no monógamas, porque diste tu palabra de que serías leal.

Cumplirás algo, simplemente porque hiciste una promesa.

Una persona que cumple sus compromisos es alguien en quien se puede confiar. Cuando se te conoce como alguien que cumple su palabra, eres increíblemente valorado y respetado en tu comunidad, así como entre tus amigos y seres queridos.

 

11. Honestidad

La honestidad se expresa a menudo como una cualidad de una buena persona. Al fin y al cabo, si descubres que alguien te ha mentido, ¿podrías volver a confiar en él? Si te mintieron esa vez, ¿qué les impediría mentirte sobre todo y sobre cualquier otra cosa?

La gente respeta y aprecia la honestidad, especialmente cuando es difícil. Por ejemplo, si metemos la pata horriblemente en el trabajo, pero asumimos esa pata, la admitimos y tomamos medidas para remediarla. Nuestros jefes y compañeros nos respetarán mucho más que si intentamos encubrirlo o echar la culpa a otros.

Además, muchas personas aprecian incluso la honestidad cuando es un poco hiriente. Cuando alguien es honesto sobre un tema o una situación difícil, significa que se preocupa lo suficiente como para no traicionar la confianza del otro mintiendo al respecto.

Por supuesto, depende mucho de cómo se comparta la verdad. Podemos ser suaves en nuestro tono y en las palabras que elegimos, en lugar de ser crueles o mordaces. La forma de decir una verdad puede marcar la diferencia entre un cambio positivo a largo plazo y un trauma.

 

12. Humildad

¿Conoces al tipo de persona que siempre está presumiendo de lo increíble que es? La humildad es lo contrario a eso.

La humildad consiste en mantener la idea de que ninguna persona es mayor o menor que otras, a pesar de su popularidad, riqueza, títulos o logros.

Los que se sienten mejores o más importantes que otras personas tienden a tratar mal a los demás. Como se consideran especiales, suelen esperar un trato mejor y que se les permita menospreciar a los que les rodean.

Por el contrario, alguien que se mantiene humilde trata a todos los que le rodean con cuidado y respeto. No cuentan a los demás todas las cosas maravillosas de caridad que han hecho: simplemente las hacen. Sus acciones son por un bien mayor, no por el reconocimiento y los elogios que recibirán al hacerlo.

 

13. Fuerza

La fuerza que hace a una buena persona es mental y emocional más que física. La fuerza puede mostrarse de forma suave, aunque sea inflexible. Mira a Mahatma Gandhi y su huelga de hambre. Necesitó una fuerza inmensa para aplacar su propia hambre, aunque agonizante, para trabajar por un cambio positivo.

Aníbal y Marco Aurelio mostraron una inmensa fuerza de carácter al mantener a todos unidos mientras emprendían un enorme viaje.

Seguramente te habrás dado cuenta de que la fuerza y la compasión, y la fuerza y la valentía están relacionadas. Esto se debe a que la fuerza no siempre es una virtud proyectiva, sino que es un término adaptativo.

La fuerza suele ser una batería de muchas de las otras cualidades de esta lista. Por ejemplo, puedes mostrar una fuerza inmensa cuando te mantienes íntegro cuando todos los que te rodean están haciendo algo que va en contra de todo lo que crees. Defender lo que crees que es correcto puede ser peligroso para ti, incluso puede poner en peligro tu vida. Por ello, se necesita una inmensa fuerza de carácter y voluntad para ser fiel a ti mismo.

 

14. Amor

Hay muchos tipos diferentes de amor, a pesar de que en el mundo occidental sólo se utiliza una palabra para englobarlos. Estamos familiarizados sobre todo con el amor romántico, o el que se siente entre padres e hijos. Pero también podemos amar a la humanidad o a la naturaleza con todo nuestro corazón. Y sabemos que amamos cuando volcamos nuestra energía en la felicidad, la salud, el éxito y la libertad de otros seres.

Algunas personas confunden el enamoramiento con el amor. O la posesividad. Alguien puede amar a otra persona porque siente que ésta le dará lo que necesita. Del mismo modo, pueden amar a una mascota, o a una casa, o a cualquier otro ser o criatura que les produzca satisfacción.

En cambio, cuando amamos de verdad a una persona, nuestro mayor deseo es su felicidad.

El rabino Dr. Abraham Twerski se refiere a esto cuando habla del “amor de los peces”. Lo que la mayoría de la gente considera “amor” es cuando se satisfacen sus necesidades. Por ejemplo, un hombre que se come un pescado porque ama el pescado. Este hombre ama tanto el pescado que se está comiendo que lo sacó del agua, lo hirvió y se lo está comiendo. Se ama a sí mismo y ve el pescado como algo que satisfará sus necesidades y deseos.

Si realmente amara al pez, lo animaría a nadar felizmente y a llevar una vida hermosa.

El verdadero amor no es una cuestión de lo que vamos a obtener de una situación o de una persona, sino de lo que podemos dar.

 

15. Conocimiento de sí mismo

Sabes en tus entrañas cuándo has hecho el mal, o cuándo has hecho el bien.

Si alguna vez haces algo y sientes una punzada de vergüenza o asco por tus acciones, entonces eres plenamente consciente de que no actuaste con amor o respeto. Tal vez hiciste algo a escondidas en aras de tus propios intereses. O el altruismo egoísta que mostraste fue mucho más para tu propio beneficio que para el de la otra persona.

En cambio, cuando hayas hecho algo ético y amoroso, sentirás una inmensa ligereza. Un cálido resplandor te invadirá, e incluso puede que se te atragante. Sabes que tus acciones tendrán repercusiones positivas de largo alcance, como un guijarro brillante arrojado a un estanque. Cada ondulación llevará luz consigo.

Escucha este sentimiento cuando te hable. Reconócelo como tu propia brújula interior y permite que te guíe hacia la bondad sincera de la que eres capaz.