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La transfobia y el autobús de la intolerancia que nunca debió existir

La transfobia, la homofobia, así como muchos de los términos en los que se emplea el cultismo de origen griego “fobia” están íntimamente ligados a la intolerancia. La traducción de fobia no es otra que “pánico” y es este miedo totalmente irracional el que lleva a muchas personas a ser intolerantes con aquello que desconocen. Crean un ámbito de sumo rechazo ante lo que no es como ellos, lo que según su mente estrecha no es lo normal.

A pesar de la irracionalidad, los intolerantes se excusan y buscan mil formas de explicar sus argumentos. Muchas veces, incluso, instrumentalizan disciplinas científicas para, muy bien manipuladas, dar mayor crédito a sus ideas.

No dialogan, no escuchan al que para ellos es “diferente”, no quieren saber sus motivos, sus emociones. No les importan, han llegado a una conclusión y creen poseer patente de corso. Su verdad es absoluta y no aceptan fisuras.

Justamente en mi país, estos días se está hablando de nuevo, cómo no, de transfobia y homofobia. Se considera que cada vez más la sociedad se está abriendo y aceptando nuevas realidades, o no tan nuevas, simplemente realidades que por fin aparecen ante nuestros ojos revestidas de normalidad.

Sin embargo, aún existe una minoría que interpretan la ciencia en general según unos patrones cerrados y obsoletos muchas veces relacionados con sus creencias religiosas llevadas al extremo.

La última ocurrencia de un grupo ultracatólico español ha sido una frase serigrafiada en un autobús que recorre las calles de Madrid:

“Las niñas tienen vulva, los niños tienen pene. Que no te engañen”

Según ellos, la biología les ampara porque nuestros genitales son los que determinan nuestro sexo. Pero no saben diferenciar la identidad de género de la identidad sexual y que la primera tiene más que ver con la elección de cada uno, con nuestro cerebro, que con nuestro físico.

Yo les diría que también la biología afirma que para ser madre antes es necesario que el óvulo sea fecundado. Quiero decir, que a no ser que fuera por métodos de concepción asistida, la Vírgen no era tal cuando fue madre de Jesús. Pero esto sí se lo discuten a la ciencia, como tantas otras “verdades” de la Biblia.

Flaco favor hacen a las personas que se sienten en un cuerpo equivocado. Sobre todo cuando son menores que día tras día tienen que lidiar con el acoso de algunos de sus compañeros en la escuela.

Debería acabar la represión y el tener que sentir lo que otro te manda que sientas. Se acabó callar. La vida, la naturaleza, es mucho más complicada, o tal vez, más rica y variada que lo que muchos creemos. La naturaleza no entiende de absolutos y es flexible, llena de matices. Hemos sido los humanos, como siempre, los que hemos hecho leyes para acotarla porque el dominio se trata un poco de eso, de establecer límites que podamos controlar.

Conozco casos de personas que no se sienten cómodas con sus genitales. Mujeres, físicamente hablando, que detestan sus pechos. Personas atrapadas en un cuerpo indeseado.

Gracias a los avances científicos pueden revertir esa situación. ¿Quiénes son esa minoría de intolerantes que ponen en duda todo lo que se ha conseguido?

Sean felices con sus creencias sin imponerlas a los demás. Sus creencias son subjetivas, íntimas, no son la Verdad.

Por favor, vivan y dejen vivir.

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About the author

Ana Mera

Nací en Barcelona, más concretamente en el barrio de la Barceloneta, pero por trabajo me he convertido en nómada. Estudié publicidad. Soy madre de 3 hijos, mi mejor experiencia vital. Me encanta escribir sobre lo que ocurre a mi alrededor. A mis cuarenta y muchos me considero una persona vital y sociable, con muchas ganas de que la vida me permita envejecer junto a los que quiero!!