Mi almohada

Tras aquella noche, volví a la misma playa día tras día, donde tuve tiempo de contar cada grano de arena sobre el que se colocaba mi cuerpo, pero no volví a sentir aquello que mi memoria no paraba de recordar.

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En la desesperación de lo desconocido, caminé por la orilla viendo como mis pies se hundían y salían a flote en cada paso. Tan ensimismada estaba que ni cuenta me di de alguien que me estaba hablando. Se trataba de un chico de unos veinte años que me seguía en una bici de esas modernas que llevan una especie de motor que las hace correr más e incluso caminar solas. Su mirada impactó en mi de tal forma que todo lo demás pasó a un segundo plano. Le pedí que me acompañara a tomar algo en un bar cercano, quería ahogar mi tristeza por aquel momento inexplicable donde no sabía tan siquiera que buscaba, en compañía.

Aparcó la bici a la entrada y yo caminé ante él sin prestar demasiada atención a los detalles. Su sonrisa señalando hacia una de las mesas que se encontraba libre me hizo volver de inmediato a mi toma de tierra. Bebimos y hablamos hasta la madrugada cuando extasiada en la multitud de sensaciones que despertaba en mí, le ofrecí una noche con mis sábanas de compañía.

Sin darnos cuenta, estábamos envueltos en un torbellino de besos y caricias donde nos amamos como nunca hubiese imaginado. Juro por la luna que me alumbra que me sentí tan especial, que no puedo describirlo.

 

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Al despertar, ya con la tranquilidad de una noche de guerra y tregua, sin el alcohol alborotando mis sentidos, pude darme cuenta. No podía ser tan tonta como para no fijarme en algo así, definitivamente no lo esperaba y me impactó de tal forma, que, al mirar mi almohada, deseaba que todo hubiera sido un sueño, y al girar a la suya…no estuviera. Me siento mal por decir esto, pero su cara al darse cuenta no mostraba ningún signo de timidez, pensó que yo lo entendería y ahora se, le di demasiada importancia. Pero no estaba preparada para enfrentarme a algo así…

Continuará…       

Vanesa Gutiérrez Portero

Francia necesita con urgencia 1.000 profesores de español




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Tío Gutenberg

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