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La mala costumbre de celebrar el día de…

Se acerca el primer domingo de mayo y celebramos el Día de la Madre en España.


El “día de” nos recuerda que existen personas en nuestra vida muy importantes. También otros “días de” pretenden dar mayor visibilidad a colectivos a los que no se les reconoce como es debido. Supongo que son importantes los “días de” en cuanto se convierten en 24 horas de reivindicación. Y, cómo no, cuando son un bonito homenaje a quien merece no un día, sino toda una vida de agradecimiento, amor y cariño.
Y es que llega un momento en la vida de nuestros hijos que las madres dejamos de tener ese papel imprescindible en sus vidas. O, al menos, eso creemos los hijos. Pensamos que ya aprendimos a vestirnos solos, a comer solos, a hablar, a leer, a escribir, a atarnos los zapatos, a equivocarnos y que ya no necesitamos que nuestra madre esté ahí, siempre, para ayudarnos.
El papel de las madres se podría resumir en general en amor, un amor incondicional. Le digas lo que le digas a tu madre, sabes que ella siempre te va a perdonar. No importa que haga más de una semana que no la llamas. Ya ha visto en Instagram tu última creación, tu último trabajo y sabe que todo está bien. Sabes que lo único que a ella le importa es precisamente eso, que tú estés bien y si no la llamas, es que estás bien.

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Pero, y ella, ¿está ella bien? Mañana, el primer domingo de mayo de 2017, pensarás en ella porque en todas partes te recuerdan que es el Día de la Madre. Y te lo recuerdan para que le compres unas flores, un colgante, un bolso…
Lo sé, las madres somos pesadas, mucho. Y continuamente preguntamos ¿qué has comido? ¿todo va bien? ¿eres feliz? Y los hijos nos responden con un “sí, mamáaaa”, repleto de muchos y callados “buffff qué pesadaaaa”.

 


Y cuando envejecemos, ya no podemos seguir su ritmo. Nos volvemos algo más lentas, más achacosas, necesitamos de cariño y atención. Pero los hijos tienen poco tiempo y lo emplean en aquellos a los que saben no van a tener de forma incondicional. Nosotras estaremos ahí, hoy, mañana y siempre que la salud y la vida nos lo permitan.
Los hijos no disfrutamos de nuestras madres una vez que crecemos. Pero todavía menos cuando tenemos nuestros propios hijos. Llamas a tu madre y sabes qué te va a explicar. De hecho, nos lo ha explicado miles de veces pero ya no lo recuerda. Por eso, si un día no la llamas, no pasa nada.
 
Y durante los 364 días restantes al primer domingo de mayo no les damos el lugar que merecen.
 
El mejor regalo que puedo hacerle a mi madre es llamarla todos los días. Intentar no perder la paciencia con ella y darle las gracias por todo lo que soy. El mejor regalo para una madre es, simplemente, saber que estamos bien.
El problema de los “días de” es que se parecen demasiado a una excusa, a una forma de decir que sabemos que no reconocemos lo suficiente la labor de la madre o el padre; que no todos los niños disfrutan de los derechos de la infancia; que las mujeres todavía no tienen el lugar que les corresponde en la sociedad y así, sucesivamente…


Mama, te quiero hoy y todos los días. Quiero ser consciente de ello mientras estás aquí conmigo y no lamentarme cuando ya no haya a quien llamar. Porque, como dice la canción de Pastora Soler:

“Tenemos la mala costumbre de querer a medias
De no mostrar lo que sentimos a los que están cerca
Tenemos la mala costumbre de echar en falta lo que amamos
Sólo cuando lo perdemos es cuando añoramos…”




About the author

Ana Mera

Nací en Barcelona, más concretamente en el barrio de la Barceloneta, pero por trabajo me he convertido en nómada. Estudié publicidad. Soy madre de 3 hijos, mi mejor experiencia vital. Me encanta escribir sobre lo que ocurre a mi alrededor. A mis cuarenta y muchos me considero una persona vital y sociable, con muchas ganas de que la vida me permita envejecer junto a los que quiero!!