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Cómo fabrica nuestro cerebro el extraño material de los sueños

Los sueños han sido desde siempre un gran misterio para el hombre. Desde hace décadas, ramas de la ciencia como la psiquiatría y la neurología se han dedicado a estudiar a fondo la arquitectura de los sueños.

 

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Numerosos científicos han volcado su labor en este campo impulsados por las mismas preguntas que el ser humano se hace desde hace siglos: ¿por qué soñamos cosas absurdas?, ¿de qué están hechos los paisajes oníricos que nuestra mente elabora cuando dormimos?, ¿cómo se fabrican los sueños en nuestro interior? Aunque todavía quedan muchos interrogantes por resolver al respecto, numerosos estudios han permitido establecer algunas certezas sobre este incierto fenómeno.

Queremos compartir contigo esta curiosa información que revela cómo funciona la maquinaria de nuestro cerebro, cuál es la función de los sueños en nuestra vida y de dónde vienen.

El psicoanálisis fue de las primeras disciplinas en interesarse en este tema. Freud teorizó al respecto estableciendo que los sueños están hechos de una combinación entre lo que él bautizó «residuos diarios», es decir, elementos que percibimos en la cotidianidad reciente, y material profundo que nuestro subconsciente desea liberar.

Según esta teoría los sueños tienen la función de «liberar» elementos reprimidos como deseos y temores profundos que nos avergüenzan y que palpitan muy profundo en nuestra psiquis. Como no somos capaces de racionalizar y verbalizar estos contenidos, los dejamos salir de a pocos usando los sueños como una válbula de escape que libera presión y nos permite mantener un equlibrio psicológico.

Aunque esta teoría ha sido discutida durante años por psiquiatras y científicos alrededor del mundo, fue una de las más aceptadas al respecto del tema de los sueños y sus funciones y hasta hace relativamente poco se dio inicio a nuevas investigaciones con el propósito de ir más allá de lo que ya se había establecido en este campo.

Hoy, existen diversas teorías y múltiples estudios se han llevado a cabo para comprobarlas. Uno de los mayores retos que enfrentan quienes se dedican a ellas es el material mismo de estudio: los sueños no pueden analizarse directamente como a un objeto tangible o a una sustancia en el cuerpo humano, se presentan siempre como una interpretación del soñador mismo, como un vago recuerdo de una experiencia. A pesar de esto, especialistas como el doctor Tore Nielsen, del Dream and Nightmare Laboratory, de Montreal, han dedicado sus mejores años y todos los esfuerzos para desentrañar esta misteriosa maquinaria.

La investigación realizada por Nielsen revela que la producción de los sueños está asociada a los recuerdos y a la región del hipocampo, localizado debajo de la corteza cerebral y que desempeña un importante papel en la memoria. Según esto, los sueños cumplirían una función muy importante a la hora de consolidar los recuerdos. Esto quiere decir que cuando aparecen los «residuos diurnos» dentro de nuestros sueños, en realidad están apareciendo aquellos elementos que nuestra memoria a corto plazo eligió para dejarlos ir a nuestra memoria a largo plazo. El tránsito de esos recuerdos por nuestros sueños es una etapa fundamental para que éstos se almacenen de manera definitiva en nuestra memoria.

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Los paisajes y situaciones en los sueños se producen de manera arbitraria ya que la encargada de generarlos es nuestra memoria implícita, la misma que usamos para hacer cosas automáticamente y que se encarga de relacionar elementos abrastactos en nuestra mente. La memoria funciona por asociación de ideas; solo cuando asociamos algo con una situación global podemos recordarlo, por eso cuando soñamos nuestro cerebro construye narraciones complejas y no recuerda elementos aislados; si así fuera nos sería imposible almacenarlos como recuerdos permanentes.

Puede que desde la lógica de la vigilia, las relaciones entre elementos que generan los sueños parezcan absurdas, pero la creatividad onírica las crea continuamente, y las hace significativas para nuesto insconsiente permitiéndoles pasar a vivir para siempre en nuestra memoria a largo plazo.

Otro gran descubrimiento de Neilsen es que los recuerdos que se nos quedan prendidos en la memoria durante el día, pueden aparecer 5 o 7 días más tarde en nuestros sueños y no necesariamente la noche inmediatamente después de haberlos vivido como pensaba Freud.

Finalmente, se ha descubierto que soñar es uno de los procesos que más requiere imaginación. Imágenes tomadas de la actividad cerebral durante el sueño apoyan esta especulación: la actividad del hipocampo aumenta durante la llamada fase REM (de movimiento ocular rápido) del sueño. Esto hace que nuestro cerebro «libere» tensiones y deje fluir información estancada mientras soñamos. Por esto, al despertar, cuando hemos soñado, tanto nuestro hipocampo como todo nuestro cerebro se siente fresco y puede dedicarse a recibir nueva información que entrará a ser procesada dentro de este complejo engranaje.

Así, al día de hoy, lo que sabemos de los sueños, su producción y funciones es que está estrechamente relacionado con la memoria, que sirve para pasar recuerdos recientes a la memoria a largo plazo a partir de asociaciones inconscientes que generan extraños paisajes narrativos, que al soñar activamos las zonas del cerebro asociadas a la creatividad y que el material de nuestros sueños está compuesto de recuerdos de la última semana que hemos vivido junto con información significativa para nuestro subconsciente: miedos y deseos reprimidos.

 

Fotos: JeeYoungLee

Fuente: genial.guru




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Tío Gutenberg

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