¿Cómo va cambiándote el lugar donde vives?

Cuando tu vida acontece de traslado en traslado, de ciudad en ciudad, vas acostumbrándote y transformándote con cada cambio y entras de lleno en un proceso de mestizaje.

Llegas a tu nuevo destino y te sientes solo. Para alguien que ha crecido en una familia numerosa, en un barrio en el que todos se conocen y se saludan, es una sensación complicada.

De todas formas, ya sabes qué hacer para adaptarte y conocer a nuevos compañeros de viaje. Algunos de ellos llegarán a formar parte importantísima en tu vida. De hecho, pensarás que son verdaderas almas gemelas y agradecerás haber tenido la oportunidad de conocerlos. Otros, simplemente serán personas con las que compartirás alguna conversación, algún café, alguna actividad, ambiente de trabajo, sin mayor trascendencia que el día a día.

Dejas de ser exigente y selectivo. Aceptas a cada uno como es, sin pretender cambiarles y disfrutas de su compañía, sin más. Entiendes que eres tú el “nuevo”, eres tú quién tiene que hacer el esfuerzo por adaptarse y te conviertes en un experto en relaciones sociales. Te empapas de todo lo que te cuentan, de todo lo que ocurre a tu alrededor. Pero no dejas de ser tú mismo, sólo que añades nuevas ideas, nuevos argumentos, nuevas visiones, un nuevo prisma a tu devenir.

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Sin embargo, los primeros días en una nueva ciudad son los más duros. Todavía no te sientes con fuerzas de empezar a tejer una nueva red de contactos. Estás pendiente de cómo tu familia se va adaptando y sólo quieres estar ocupado en tu entorno más próximo, puesto que estáis viviendo un momento en el que sólo vosotros, quiénes lo vivís, sabéis lo que se siente.
Paseas por las calles y tienes la sensación de que todos te miran. No eres uno de los suyos, no te reconocen. Preguntas en las tiendas dónde encontrar tal o cual comercio y te dan instrucciones con nombres de calles e indicaciones que desconoces. Es entonces cuando comentas: llevo poco tiempo en la ciudad.

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Y no dejo de pensar en cómo se sienten aquellas personas que no sólo cambian de ciudad sinó de país, de cultura, de lengua… Cómo, sin querer, les miramos e incluso hasta podemos llegar a hacer juicios precipitados e injustos sobre ellos. Sobretodo en estos tiempos en los que aumenta la xenofobia de forma abrumadora y convivimos ajenos a dramas tan reales y presentes como el de los refugiados.
En realidad, puedes vivir dedicado sólo a ti y a tu familia, pero hay quienes necesitamos también hablar, salir a la calle, compartir y relacionarnos con nuestro entorno.
En tu caso, al venir ya con un trabajo y ser “del país” todo va a ser más fácil, no nos engañemos. Cuando te sientas preparado te anotarás a actividades, a asociaciones, a algún voluntariado y empezarás a sentirte uno más. Más difícil lo tendrán aquellas personas que por su religión o cultura no quieren y no deben renegar de sus costumbres. En uno de sus discos, “Un pont de mar blava” (Puente de mar azul) Lluis Llach (cantautor catalán) habla del mestizaje. De aceptarnos, de mezclarnos, de aprender los unos de los otros y respetarnos. http://www.lluisllach.cat/espanol/etdeixo.htm

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Nadie nos ha llamado, tampoco nosotros en muchos casos hemos elegido venir. Pero hay que vivir, para muchos es cuestión de supervivencia, y qué mejor forma de hacerlo que aprovechando todo lo que los demás pueden aportar.

Dicen que viajar nos ayuda a abrir nuestra mente, pero para mí lo hace aún más el poder establecerte por un tiempo en ese lugar.

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Enriquezcámonos con experiencias, con tolerancia, con intercambio cultural. Zambullámonos en la diversidad y disfrutemos de ella…

(Video de la canción para quien quiera escucharla)




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About the author

Ana Mera

Nací en Barcelona, más concretamente en el barrio de la Barceloneta, pero por trabajo me he convertido en nómada. Estudié publicidad. Soy madre de 3 hijos, mi mejor experiencia vital. Me encanta escribir sobre lo que ocurre a mi alrededor. A mis cuarenta y muchos me considero una persona vital y sociable, con muchas ganas de que la vida me permita envejecer junto a los que quiero!!