10 Cosas que aprendí cuando dejé de gritarle a mis hijos

Educar a los niños es un trabajo complicado, por lo que muchas veces por más que tratamos de mantenernos firmes y asertivos para corregir a nuestros hijos, recurrimos a una herramienta que resulta nociva para ellos: Los gritos.

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Por supuesto que yo también en su momento pasé por eso y lo hice lamentablemente en más de una ocasión, pero así como cambié la intolerancia por paciencia y una actitud asertiva hacia mis hijos, estoy seguro que tú puedes hacerlo con un poco de ayuda. No obstante, muchos padres utilizan los gritos como un método de educación constante lo cual daña el autoestima de los niños e incluso, puede ser considerado como una forma de maltrato, ya que deja cicatrices de por vida que pueden llegar a afectar su personalidad durante la adolescencia y la etapa adulta.

Existen soluciones más constructivas, que ayudan a tus hijos a mantener su autoestima fuerte y a ser seguros de sí mismos. El alzar la voz, por lo general es la consecuencia de un momento de ira o frustración del adulto, muchas veces ésta puede ser causada por un factor externo y al no ser capaces de medir las consecuencias, los padres explotan diciendo cosas hirientes que quedan para siempre en la memoria de los pequeños. Aprende a reconocer los “síntomas” de tu ira, canalízalo en otras cosas, respira profundamente y si es necesario aléjate un momento, y con calma analiza lo que ha ocurrido. Encontrarás mucho más satisfactorio y saludable evitar los gritos que continuar con esta destructiva rutina.

Te quiero compartir estos aprendizajes de una madre que decidió dejar atrás este dañino hábito por 365 días comenzando un poderoso reto llamado “Desafío Rinoceronte Naranja” sin duda es una historia que me ha inspirado y espero que haga lo mismo con los padres que tienen este problema en sus hogares. Esto fue lo que esta madre de cuatro hijos compartió con mucho entusiasmo:

1.Gritar es destructivo.

Cuando le gritas a un niño, no solo estás lastimándolo en ese momento, estás dañando su autoestima y fracturando la confianza de su relación. La mejor forma de enseñarle a un hijo es con palabras, sin gritos ni golpes, pues la agresión solo crea acusaciones futuras y reclamos dolorosos que siempre terminan en distanciamiento entre padres e hijos.

2.Tú eres el mejor ejemplo de tus hijos

Muchos padres se sienten avergonzados y descubiertos cuando algún otro adulto los descubre gritándoles a sus hijos, pero estando únicamente con ellos, la desesperación y la impaciencia suelen ser mucho mayores; lo ideal es siempre ver a los pequeños como el público más exigente, como esas personas que van a aprender todo lo que están viendo de ti ¡Porque ellos crecerán a tu imagen y semejanza! recuerda, tú eres su mejor ejemplo.

3.También los niños tienen días malos

El vivir sin gritos te hará ver que en realidad muchas veces el comportamiento de los pequeños no es obra de berrinches, sino que ellos también pueden tener días malos como cualquier persona, pues acorde a su etapa, hay retos y problemas que los atormentan y contra los que deben luchar a diario. Es algo que puedes notar cuando tienes la paciencia para ver más allá del coraje momentáneo.

4. La paciencia es fundamental

Una cosa importante que se debe implementar siempre es controlar los impulsos, el coraje y sustituir esa negatividad con pensamientos asertivos, reflexión y sobre todo paciencia, la cual es fundamental para educar a los hijos. Recuerda que ellos aún siguen aprendiendo, están en una temprana etapa de sus vidas y tú no puedes hacer nada para controlar sus impulsos de explorar y experimentar, pero lo que puedes moderar, son tus actitudes y reacciones ante las situaciones difíciles.

5. Los gritos crean niños inseguros

Gritar es un comportamiento egoísta, pues aparentemente es sencillo gritar y hacerse notar ante el mal comportamiento de los pequeños, pero el problema es que realmente esto no funciona, sino que propicia un descontrol en la situación, los niños no “ponen atención” gracias a los gritos, simplemente se paralizan ante el tono de voz intimidante y esto solamente hará que fallen al tratar de cumplir las tareas asignadas por los padres, lo cual provocará frustración e inseguridad.

6. Analiza

Muchas veces podemos perder mucho si les gritamos a nuestros hijos, algunas veces los vemos que han derramado la leche sobre la mesa, pero date cuenta del “por qué”, no es que él quisiera hacerlo ¿Verdad? Pudo ser tal vez porque quería ayudar a su hermano menor a servirla, o quizá busca hacer más cosas por sí mismo para evitar molestarte. Trata de enfocarte en esa cuestión en vez de regañarlo y recurrir a los gritos, recuerda que es un niño y aún está en un proceso de aprendizaje, no ahogues con gritos sus ganas de ser independiente.

7. Padres tolerantes y amorosos

No gritar resulta sumamente satisfactorio, ya que nos da las armas para convertirnos en padres tolerantes y amorosos, personas dignas de la confianza de los hijos, reforzando el propósito de ser una familia.

8. Los gritos solo son un pretexto

A veces pensamos que los niños y sus conductas o malos comportamientos son el detonante de los gritos, sin embargo muchas veces éste es sólo un pretexto para desquitar el coraje hacia otra persona (puede ser el esposo, el jefe, los padres) sin embargo hay que aprender a canalizar ese coraje hacia una actividad constructiva; aprender a concientizar que somos capaces de cargar nuestro coraje contra los hijos, es un gran paso para dejar de lado esta conducta destructiva.

9. El coraje proviene del interior

Muchas veces el coraje no proviene del exterior, sino del interior, puede ser disgusto con uno mismo por el descuido de la apariencia, por la falta de actividades recreativa o por hacer a un lado a las amistades, sin embargo, podemos fácilmente cambiar eso cuidando de nuestra salud, ejercitando nuestro cuerpo y dedicando un poco de tiempo a retomar contacto con los amigos. Es un cambio muy simple que deriva en una conducta positiva hacia los hijos.

10. Pensar antes de actuar

Dejar de gritar no es fácil, pero si se puede, hay muchas maneras de hacerlo, pero recuerda que lo más importante es siempre tener el mente el objetivo, y luchar contra esos impulsos que lastiman la relación con tus hijos. Una actitud positiva, actuar asertivamente y pensar antes de actuar, es la clave para que la armonía y la felicidad jamás abandonen tu hogar.

fuente: www.lacaja.guru

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